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Desperdicio de comida: qué es y cómo podemos reducirlo en casa

El desperdicio de comida se ha vuelto una situación alarmante en todo el mundo, sobre todo en plena crisis alimentaria. Aquí te explicamos cómo evitar tirar comida y aprovecharla al máximo.

Para gran parte de la población de todo el mundo, el desperdicio de comida se ha convertido en un hábito muy frecuente en las casas; comprar más alimentos de los que se necesitan, dejar que las frutas y verduras se pudran en casa o servir porciones más grandes de lo que podemos comer, son algunas de las acciones que encaminan a un gran mal que se ha vuelto todo un problema a nivel global.

Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), cada año en el mundo se desperdician 121 kg de comida por persona, del cual 74 kg provienen de casas hogar, 32 de servicios de comida (restaurantes) y 15 del comercio de alimentos, como mercados y súpermercados. En México, tan solo en la capital del país, se desperdician cerca de 13 mil toneladas de comida diariamente; en el resto del territorio, anualmente se desperdician alrededor de 12.5 millones de toneladas de alimentos; lo peor es que de toda la población que somos, el 23.5%, casi un cuarto de la población, vive en pobreza alimentaria.

Estas costumbres de desperdiciar y tirar a la basura comida someten a nuestros recursos naturales a mayor presión y perjudican también nuestro medio ambiente. Cuando desperdiciamos comida, también estamos desperdiciamos el trabajo, el esfuerzo, la inversión y los recursos (especialmente el agua), empleados en su producción, por no hablar de los recursos empleados en su transporte y elaboración (que generan en mayor o menor medida contaminación). En pocas palabras, el desperdicio de comida aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero y contribuye al cambio climático.

La reducción de la pérdida y el desperdicio de alimentos es esencial en un mundo en el que millones de personas padecen hambre a diario. Cuando reducimos el desperdicio, entendemos que los alimentos no vienen dados para los millones de personas que padecen hambre a diario.

A pesar de las grandes empresas son en gran parte responsables de la contaminación medioambiental, como personas que coexistimos en el mundo tenemos un papel muy importante en la reducción del desperdicio de comida. Por eso es indispensable mediar y hallar las formas de reducir el desperdicio de alimentos dentro de nuestros hogares y nuestras comidas diarias.

¿Cómo puedo reducir el desperdicio de comida?

Al ser un problema de escala mundial, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura propone una serie de recomendaciones que solicita llevar, en la mayor medida de lo posible, al pie de la letra.

Adoptar una dieta más saludable y sostenible

La vida se mueve muy rápido y el preparar comidas nutritivas puede ser muy complejo y, a veces, parecer hasta costoso; pero las comidas saludables no tienen por qué ser muy elaboradas, ni tampoco recurrir a ingredientes caros. En Internet, redes sociales y libros, abundan recetas saludables y rápidas que puede ser la guía para elaborar recetas a la medida de cada persona, que además, se puede compartir con familiares y amigos.

Comprar solo lo que se necesita

Es indispensable planificar las comidas. Se recomienda preparar una lista de la compra y atenerse a ella lo más que se pueda, evitando las compras impulsivas. No solo se evitará comprar más alimentos que pueden terminar en la basura, sino que también se ahorrará dinero.

Elegir las frutas y verduras feas, pero que están en buen estado.

Se recomienda no juzgar a los alimentos por su apariencia. Es muy frecuente que se tiren a la basura todas las frutas y verduras magulladas o con formas extrañas, debido a que incumplen unas normas cosméticas para los consumidores que, en ocasiones, cae en lo arbitrario. No hay por qué preocuparse; el sabor siempre es el mismo. Se recomienda utilizar la fruta madura para licuados o postres.

Almacene los alimentos con sensatez

Es recomendable colocar los alimentos que tienen más tiempo en la alacena o en el refrigerador a la parte delantera, colocando los más nuevos en la parte de atrás. También se hace la invitación a que se utilicen tuppers o contenedores bien herméticos para mantener frescos los alimentos en donde se almacenen, procurando que también no les entren agentes externos como oxígeno demás o insectos.

Leer el etiquetado de los alimentos

Hay mucha diferencia entre las fechas de “consumo preferente” y “caducidad”. A veces los alimentos siguen siendo aptos para el consumo aún pasada la fecha de “consumo preferente”; mientras que la fecha de “caducidad” indica el momento en que el consumo deja de ser algo óptimo. Se recomienda verificar adecuadamente las etiquetas de los alimentos para comprobar si contienen ingredientes que puedan propiciar su descomposición más rápido o, en su defecto, que sean poco saludables para el ser humano.

Empezar por lo pequeño

Procura servir porciones más pequeñas de comida cuando sirvas en casa o también comparte con otras personas platos que consideres que no te vas a terminar.

Valora mucho las sobras

Si no logras comerte todo lo que preparaste para comer en el desayuno, la comida o la cena, lo mejor es almacenarlo en recipientes herméticos y refrigerarlo o congélelo para más adelante; se puede utilizar las sobras como ingrediente de otra comida. No tengas pena en solicitar a tu mesero que coloque las sobras de la comida que no te terminaste en un restaurante para que puedas llevártela a casa y comerla después o utilizarla en algo más.

Hacer uso de los alimentos desperdiciados

En lugar de tirar a la basura la comida que está en mal estado o las mermas de alimentos (como cáscaras), puedes hacer composta para las plantitas con ellos. De esta forma devolverá nutrientes al suelo y reducirá su propia huella de carbono.

Respeta los alimentos

Los alimentos nos ponen en conexión a todos. Restablece la conexión con los alimentos sabiendo del proceso de producción que compartan; nunca está demás conocer el esfuerzo y dedicación de por medio. Infórmate leyendo de la producción de alimentos y conoce a agricultores cercanos.

Apoya a los productores de alimentos locales

Comprando productos locales a proveedores, mercados o restaurantes, es un apoyo a agricultores, comerciantes y pequeñas empresas de su comunidad. También contribuye a la lucha contra la contaminación reduciendo las distancias que recorren los camiones y otros vehículos en el reparto.

Mantenga a flote las poblaciones de peces

Hacer el esfuerzo de consumir especies de peces que abunden más, como la caballa o el arenque, antes que otras que corren peligro de sobreexplotación, como el bacalao o el atún. Es preferible que se compre pescado que haya sido capturado o criado de forma sostenible, como pescado provisto de etiqueta o certificado ecológico.

Usar menos agua

Es imposible producir alimentos sin agua. Aunque es importante que los agricultores utilicen menos agua para cultivar alimentos, la reducción del desperdicio de alimentos también ahorra todos los recursos hídricos empleados en su producción. Reduce de otros modos el consumo de agua: arregle las goteras o cierre el grifo mientras se cepilla los dientes.

Mantén limpios los suelos y el agua

Algunos desperdicios domésticos son, en potencia, peligrosos y nunca deben echarse a un cubo de basura general. Artículos como pilas, pintura, teléfonos móviles, medicamentos, productos químicos, fertilizantes, neumáticos o cartuchos de tinta pueden filtrarse en nuestros suelos y nuestro suministro de agua perjudicando a los recursos naturales con los que se producen nuestros alimentos.

Coma más legumbres y verdura

Trata de consumir una vez por semana una comida a base de legumbres o cereales “antiguos” como la quinoa, la linaza y el maíz.

Compartir es igual cuidar

Si consideras que la comida que has hecho note la terminarás, piensa siempre en que los alimentos pueden obsequiarse a alguien más, con la finalidad de no desperdiciar la comida.

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